La perversa tiranía de los celos

sexta-feira, 31 de outubro de 2014


*Por Alú Rochya

Durante la mayor parte del tiempo en que el ser humano lleva habitando este planeta parece que nadie fue de nadie. ¿Sabías eso? Cada mujer le pertenecía a todos los hombres por igual y lo mismo acontecía con cada hombre, que era de todas las mujeres del grupo. Aún no había sido escrita la historia de Adán y Eva, no existía la idea de pareja, mucho menos de matrimonio. Se vivía una especie de poliamor total.

Al parecer fue hace poco, -digamos unos cinco mil años- que el hombre comenzó a exigirle fidelidad a la mujer. Era el inicio del sistema patriarcal  y del inicio de la cultura materialista, y ese hombre tenía miedo de dejarle su herencia a un hijo de otro. Y ahí, el hombre comenzó a fundir en su pobre cabecita la idea de la posesión de bienes con la idea de la posesión de la mujer.

Después, y hasta hoy, con posesiones materiales o sin ellas, el  poseer a otra persona se convirtió en cultura, en comportamiento social. Ya no sólo del hombre, también de la mujer. Pasaron a sentir que la pareja era suya, una pertenencia, una propiedad, una riqueza conquistada. Y toda situación que amenace esa posesión desata los celos. La idea de la posesión es tan fuerte porque nace íntimamente vinculada a la disputa por las posesiones, a la guerra por las posesiones, especialmente de tierra, que significaba el control de un territorio propio. 

El hombre no comprendió que su verdadero poder reside dentro de él mismo, en su corazón, en sus talentos, en su índole creadora, en su extraordinaria potencia para proyectar la vida y hacerla acontecer hasta con sus pensamientos. En lugar de esa comprensión halló que el poder estaba en el control de la materia. Y ahí inició la lucha por la propiedad de la materia, por todo aquello que fuese físico, incluída la mujer.

Después, la propia mujer adhirió a ese way of life  y se fue haciendo de mañas y artimañas para controlar el poder material a través del control del propio hombre. Entonces, ella y él pasaron a demandarse, furiosamente, fidelidad, como si uno y otro fueran perros y no seres humanos.

Y hasta ahí una explicación. O una parte de la explicación, la parte antropólógica y socio-económica del asunto. Porque la actitud de reclamar la pareja para uno y negársela a los demás, reconoce como base una antiquísima reacción animal. Incluyendo al ser humano en tanto animal y que viene de muchísimo antes del sistema patriarcal.

Buen proveedor se busca
Cuando los animales tienen sexo se dice que están en celo. Estar "en celo" es tener la disposición para contactos sexuales que permitan la reproducción y, así, la continuidad de la especie.

Esa tendencia está inscripta como mandato en la memoria celular y genética de cada bicho –incluyendo al ser humano- y no resulta fácil escapar de ella. Pero esa memoria no sólo empuja a la reproducción en sí sino también a la selección de los mejores genes, con lo que se busca, inconcientemente, que la reproducción resulte en un mejoramiento de la raza y por tanto en una mayor chance de continuidad de la misma. ¿Me sigues?


Si hablamos de selección de genes estamos hablando preferencialmente de los genes del macho. Es decir de la búsqueda de un buen proveedor - tanto de genes como de alimento y protección. En algunas especies animales, la selección se verifica a través de luchas entre machos que están en celo y se disputan una hembra. En tal caso se supone que el vencedor lo fue por ser más fuerte y eso supone que tiene mejores genes para garantizar la supervivencia. Lógicamente, la hembra acepta a ese macho y se abre a ser fecundada. En otras especies, la hembra elije entre varios machos al mejor, a través de un proceso más intuitivo expresado en diversas formas de juegos seductores. En otras razas, las hembras se disputan en abiertas o solapadas peleas a un macho determinado.

Las tres alternativas se verifican también en el caso del ser humano. Que tienen, en principio, el mismo objetivo: garantizar la reproducción y optimizar la especie. Apenas con una diferencia: mientras el resto de los animales tienen celos períodicamente (una, dos o varias veces al año) y fuera de ese período no sienten deseos sexuales, los humanos están en condiciones de sentir deseos sexuales y procrear el tiempo todo.

O sea, están biológicamente en  estado latente de celo de modo contínuo y dispuestos a aparearse en cualquier época del año. Y por lo tanto, estan biológicamente estimulados todo el año a pelearse entre ellos por obtener los mejores genes para sí y de tal manera satisfacer el fuerte impulso interior. Ese comportamiento impulsivo es transmitido genéticamente y ya desde la tierna infancia el ser humano revela la bestia que lo acompaña y en gran parte de su vida lo domina.

En el caso de los humanos, las hembras practican una búsqueda similar a la de los otros animales: un hombre que sea un buen proveedor de genes, de alimento y de protección. Por su parte, descubrimientos recientes explican que los hombres-machos también buscan a través de los patrones de belleza de los hombres-hembras otros genes que también tendrían que ver con la optimización de la especie. Y así, en esa disputa de unos hombres por ciertas mujeres y de las mujeres por determinados hombres se expresa el estado animal e irracional de celos en el ser humano.

Memorias basura
Sólo que nosotros somos algo más que el resto de los animales. Disponemos del uso de la razón y tenemos libre albedrío; nosotros podemos ser conscientes de lo que sucede mientras los animales hacen todo por instinto.

Por el uso de esas cualidades y condiciones, los humanos podemos darnos cuenta que no todo en la experiencia humana es comer, cagar, dormir, defenderse y reproducirse, las 5 actividades básicas de los animales. Y también podemos darnos cuenta que el sexo no es apenas un método de procreación. También es un medio de autoconocimiento, descubrimiento y equilibrio energético.


Es decir: no deberíamos actuar simplemente como niños inconscientes o como animales sino como animales conscientes. Y así, comprender que podemos participar de un proceso de selección genética que nos mejore en algunos aspectos físicos sin considerar a ningún otro humano como enemigo, ya que la verdadera evolución es espiritual y todos los seres humanos, con un vehículo (cuerpo) mejor o peor, disponemos de lo esencial para esa evolución: el alma.

Deberíamos advertir que los sentimientos de celos son antiguos patrones de comportamiento de épocas en que nos parecíamos más a los otros animales y que todavía arrastramos en nuestras memorias como parte de la basura que aún no hemos limpiado de nuestro disco rígido. Entender que, por eso, por ser algo más instintivo, nos cuesta manejar el impulso de celos, el tener celos, el sentirnos celosos.

Pero en esa línea, deberíamos observar que pulsiones semejantes, como el deseo de matar, también responde a épocas lejanas donde matábamos para comer o para defender nuestra vida y sin embargo hoy podemos manejarlo y evitar que esa pulsión nos lleve a matar hijos, amigos, hermanos, padres, vecinos, maridos, esposas, etc, cada vez que una bronca nos desata la pulsión. Y así podríamos reparar, en consecuencia, que a los celos también podemos manejarlos e incluso dejar para atrás esa repugnante reacción.

Yo te quiero libre
Para entender mejor este complejo y nefasto mecanismo debe partirse de una premisa: quien tiene celos no ama. Eso es definitivo. O se comporta desde la naturaleza primaria como un simple animal porque lo único que desea es procrearse o se comporta desde la cultura dominadora como el dueño de vidas ajenas y quiere poseer exclusivamente a otra persona. Procreación y posesión no son sinónimos de amor. Más aún: quien tiene celos tiene una autoestima muy baja, una enorme inseguridad acerca de sus capacidades de intercambio con su pareja y con el mundo, y eso lo lleva a presentir que un tercero puede ser mejor que él y “robarle” al ser “amado”.

Quien tiene celos es un animal prejurásico que no admite la libertad como uno de los atributos esenciales de la persona. Incluso de sí misma, porque ella misma vive prisionera de ese tormento.

Quien tiene celos no admite -como un leopardo, como un chancho, como cualquier bestia- que otro pueda resultarle a su pareja más atractivo que él. Que su chica pueda elegir otro chico. Que otra persona pueda irse con la persona que decimos amar. Los celos convierten a las personas en objetos.


El celoso no logra llegar a su propia humanidad, lo que le impide darse cuenta que mientras el animal es prisionero de lo que mandan sus instintos de supervivencia –incluso cuando mata-, el humano tiene la chance de ser absolutamente libre y de elegir libre y concientemente todo en su vida. Y esa libertad debe ser respetada y honrada siempre, siempre, pase lo que pase, bajo cualquier circunstancia. Nadie tiene el poder de colmarle a otro todos los sueños de éste.

Mientras esto no sea comprendido, infelizmente deberemos darle a la razón a quienes afirman que la absoluta irracionalidad de los celos revela que nuestra humanidad todavía tiene mucho camino a recorrer antes de llamarse a sí misma como la especie más evolucionada entre el cielo y la tierra.

Eso es parte de nuestra tarea. Y esa tarea es una tarea de liberación. Neguémonos, pues, a ser esclavos de nadie de la forma que sea. Defendamos a rajatabla nuestra libertad. Y sepamos y aceptemos que los demás tampoco quieren ser esclavos, y por eso defendamos a rajatabla la bendita libertad de ellos. Nadie está obligado a amarnos, nadie está obligado a hacernos su único ser amado. Es muy bello dejar libre a quien nos ama para que nos ame libremente. Al fin y al cabo, la libertad nació sin dueño y yo quien soy para colmarle cada sueñot 
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Para uma arte re-evolucionária

domingo, 26 de outubro de 2014


  • Considerar cada ação como uma expressão artística.

  • Necesidade de re-volver para acalmar angustias ou alcançar felicidades.

  • Instalar, colocar um volume  dentro do espaço.

  • Produzir  um fato novo no mundo.

  • Baixar a obra dos cavaletes, descolgá-la dos muros (e da mente).

  • Colocar a obra em espaços comuns.

  • Seguir os caminhos que se cruzam, os que não sabem sua exata direção.

  • Motivos sem escusas, escusas sem razão.

  • Descobrir o que somos em cada dimensão.

  • Manifestar-se para entender-se (compreender-se a si mesmo).

  • Habitar/construir com as possibilidades e as  impossibilidades.

  • Reconstituir desde os fragmentos.

  • Centralizar a mente num pensamento regulado pela intuição.

                                             o tempo é ARTe 

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3 chaves para nossa libertação

sexta-feira, 17 de outubro de 2014



AUTOCONHECIMENTO.  Ao longo da vida, mau aconselhados por um falso medo, vamos nos revestindo com uma série de cascas que imaginamos funcionem como proteções. Desenvolver nosso autoconhecimento é quebrar essas cascas (preconceitos, crenças, suposições, ignorâncias), para entrar em contato direito com a nossa essência, descobrir e aceitar quem, em verdade somos, um espírito infinitamente mais rico que a carne que nos ancora à Terra.  

HARMONIA.  É quando você consegue equilibrar suas relações com família, amigos, amores e trabalho, sem precisar abrir mão de ser você mesmo. A harmonia também acontece quando você compreende seus diferentes papéis na vida e consegue conciliá-los com tranqüilidade.

BEM-VIVER.  Bem-viver é o dia-a-dia dessa jornada de autoconhecimento e harmonia. É saber que a cada momento está fazendo o melhor para você e para o mundo. E que não basta refletir sobre a sua vida,  se faz preciso colocar em prática todos os seus aprendizados, dia após diat 
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