Escaparse de uno mismo...

sábado, 9 de junho de 2018


Los radicales cambios tecnológicos y culturales producidos en los ultimos 50 años han coloreado aquella vieja foto en blanco y negro pero no han modificado su esencia. El mundo capitalista-productivista-consumista-machista, aún en su agónico destello final, conserva los genes de la desgracia humana, proponiéndonos aceptar una voluntaria enajenación, una negación de nosotros mismos en tanto seres espirituales/personas/ciudadanos para convertirnos en meros consumidores de productos e ilusiones. El gran negocio de los decadentes businessman es mantenernos lo más lejos posible de nuestra alma de diamante -original e irrepetible-  y lo más cerca posible de la tarjeta de crédito. Y en ese dilema, a la mayoría de nosotros aún le seduce el plástico.       

En 1970, un joven músico argentino conocido como Moris, vomitó su descontentamento con esa elección que nos coloca tan lejos de nosotros mismos. Y por tanto, tan cerca de la nada (esa fuga es, se sabe, material y espiritualmente imposible; lo que llevas dentro te seguirá a donde vayas). Así, en sólo 7 minutos de estado alterado de conciencia, dió a luz De Nada Sirve, una de las más emblemáticas piezas del rock argentino.

Cuando algo creado (o canalizado) por el ser humano tiene la grave levedad de la trascendencia, ese algo atraviesa el tiempo en una parábola misteriosa y se convierte en lo que se denomina clásico, un modelo permanente, para enseñar y para aprender. De Nada Sirve, es un clásico, una vieja fotografía en blanco y negro, absolutamente vigente en estos días coloridos de resolución 4K.

De Nada Sirve parece una traducción popular de las enseñanzas de maestros espirituales como  Krishnamurti, Osho, Eckarth Tolle o Deepak Chopra. Con un lenguaje básico y reducido, es una oración zen callejera, llena de palabras que, paradójicamente, nos convidan al silencio interno; un crudo manual de bolsillo de autoconocimiento; un ejercicio de meditación en la acción; una invitación a despojarnos de todo lo superfluo para encontrarnos con lo mejor de nuestro ser; un grito desesperado de alerta para que  no dejemos que el gran falsificador nos robe la identidad primera, la más bella originalidad, la de ser nosotros mismos.

Grabada en directo, mientras Moris (al final, unos de los pioneros del rock en español) la iba componiendo de manera espontánea, acompañado apenas de una guitarrita, la música que puedes escuchar dándole play al video de abajo es la primera versión que se editó de este tema. La mejor de todas, por ser la original, como tu alma, como la mía.



De nada sirve escaparse de uno mismo.
De nada sirve escaparse de uno mismo.
Veinte horas al cine pueden ir
y fumar hasta morir;
con mil mujeres pueden salir;
a los amigos los pueden llamar.
De nada sirve escaparse de uno mismo, no, no.
De nada sirve...
No se dan cuenta que de nada sirve
tocar la batería, seguir la acería,
no, de nada sirve,
no, de nada sirve...
Veinte horas al cine pueden ir
y fumar hasta morir;
con mil mujeres pueden salir...
De nada sirve escaparse de uno mismo.

¿De qué le sirven las heladeras
y lavarropas, televisores
y coches nuevos y relaciones
y amistades y posiciones?
Si están podridos y aburridos
de este mundo que está podrido...
No, de nada sirve.
No, de nada sirve.
Los que van a la oficina dicen que todo sirve.
Los que van al puerto les duele las espaldas.
Los que hacen música, creen que es lo más importante.
De nada sirve, si uno lo usa para(tapar)la soledad interna
que siempre los corre, que siempre los corre.
Ohh, yes, que siempre los corre.

Cuando están solos, están bien solitos;
ya no hay guitarritas ni amplificadores.
Están solos en la cama y empiezan a mirar el techo;
empiezan a mirar el techo y en el techo no hay nada.
Hay solamente un techo.
¿Qué pueden hacer? ¿Qué pueden hacer?
Es muy tarde,
son las tres de la mañana.
Los bares están cerrados, las mujeres duermen,
los cines también están cerrados,
la guitarra no se puede tocar,
sino el vecino se va a despertar.
¿Qué puedo hacer? ¿Qué puedo hacer?
¿Qué puedo hacer? ¿Qué puedo hacer? ¿Qué puedo hacer?
Estoy solo y aburrido,
No sé qué hacer,
¿Qué es mi vida?
¿Qué es este mundo? ¿Qué soy yo?
Me voy a volver loco, 
no sé qué hacer, no sé qué hacer...

En ese momentito se dan cuenta
que todo es una estupidez
cuando van de veraneo y bailan shake
con sus movimientos centroamericanos,
sensualidad fabricada,
tratan de levantar mujeres.
Pero están vacíos
y están muy podridos.

Volvemos a la cama, que es un gran lugar
para dormir o también para fifar.
Cuando lo consiguen, en este mundo es difícil,
está reglamentado...
Muerden la almohada de desesperación.
No saben qué hacer con sus vidas,
ya todo fracasó.
Han masticado chicles, han comido chocolates,
han leído Radiolandia, han llamado a sus amigos,
han salido con mil mujeres, han grabado treinta mil discos,
han sido famosos, han firmado autógrafos,
han comido hasta reventar, han fumado hasta acabar.
¿Y qué queda?
No queda, no queda, nada queda, 
nada queda, nada queda.

Hay una cosa que sirve,
que sirve a esta humanidad,
y es darse cuenta que nada sirve
si uno lo usa para escaparse de uno mismo, 
de uno mismo.

Amigo, te doy un consejo aunque yo consejos no doy:
trata de hacer la prueba de parar las maquinitas,
las maquinitas que llevas dentro de tí
y fijarte qué es lo que pasa
cuando te agarra la soledad y te agarra el hastío.

No escuches discos de Bob Dylan o de Los Beatles,
o de los Rollings Stones o de Mick Jagger.
Mucho silencio, mucho silencio;
mucho pensar, mucho pensar; 
mucho meditar, mucho meditar.
Nada de evasión, nada de evasión...
y pensaaar...
¿Qué es lo que pasa conmigo, qué pasa conmigo,
qué pasa conmigo, qué pasa conmigo?
Si soy inteligente, también soy intelectual...
Soy bastante inteligente pero estoy muy aburrido.
Y estoy solo y muy aburrido.
¿Qué es lo que pasa conmigo?
Yo no, no me lo puedo explicar,
por favor que alguien me lo diga.
No puedo salir de mí, estoy muy encerrado
en mi prisión de carne y hueso.
Estoy encerrado en mi prisión de carne y hueso.
No puedo salir, no puedo salir.
Me voy a morir dentro de mí.
Antes de morir yo quiero salir,
ver las estrellas, el mar, me quiero ahogar
y quiero salir (de mí, por favor), 
me quiero ir, me quiero ir, quiero vivir, 
por favor, de mí, no quiero evasión, quiero vivir.
¿Qué puedo hacer, qué puedo hacer? 

No hay nada que hacer.
Tenés que vivir, tenés que vivir, 
tenés que vivir, tenés que sufrir,
tenés que sentir, tenés que amar,
te tenés que arriesgar, te tenés que jugar,
te tenés que jugar, no podés tener seguridad, 
no podés tener ninguna propiedad, te tenés que jugar,
tenés que jugarte, tenés que salir
a que te rompan la cara, que te maten, que te pisen.
Tenés que querer a cualquiera,
tenés que odiar a cualquiera.
Ay, ¿qué puedo hacer? 
Estoy solo, estoy solo,
y todos pasan a mi lado. 
Nadie me mira, nadie me mira
o si me miran es para encerrarme.
Estoy muy encerrado.
Ooohhh...
de nada sirve escaparse de uno mismo.
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Porqué Frida Khalo se vestía así

sábado, 2 de junho de 2018


El Victoria and Albert Museum de Londres anunció para el próximo 16 de junio su principal exposición de moda para 2018, dedicada al famoso y vibrante guardarropa de la artista mexicana Frida Kahlo - y otras diversas pertenencias personales - guardados en baúles celosamente sellados durante 50 anos después de su muerte, colección que será exhibida por primera vez fuera de México. Quienes asistan a la muestra podrán econtrarse con rebozos, faldas, blusas, vestidos, enaguas, pantalones, camisas, listones, zapatos, prótesis, corsés, autoretratos, fotografías, cartas y joyería entre otras cosas.

Los cofres - tan bien preservados de curiosos y abiertos recién en 2004 -, se encontraban en la residencia donde la artista nació, vivió y murió, La Casa Azul de Coayacán, en Ciudad de México, convertido en el Museo Frida Khalo, donde, en 2012, se inauguró la primera exposición sobre los vestidos que ella usó a lo largo de su vida. 

La muestra programada en el V&A es una prueba más de como la moda ha ido conquistando la categoría de arte y ha irrumpido en los museos sin complejos. Pero las exhibiciones del vestuario de Frida van más allá de lo estético, tiene también contenido político y curativo. Las apariencias engañan es el nombre paradigmático de aquella muestra original en La Casa Azul que revela cómo la pintora mexicana empleaba la indumentaria para esconder sus imperfecciones físicas y expresar su ideario político y feminista.

Frida Kahlo sufrió a lo largo de su vida veintidós operaciones quirúrgicas, de modo que su cuerpo fue mutando y deshaciéndose a medida que cumplía años. Murió joven, pero los dolores, las malformaciones y las cicatrices que originaron en ella la polio, primero, y después el accidente de tráfico en que la barra de hierro del pasamanos de un autobús le perforó el útero, hicieron de su carne y de sus huesos un campo de batalla. El resto de su vida estuvo marcado por esos menoscabos físicos, aunque, como se sabe bien, nada le impidió ser una gran seductora y una amante omnívora cuya cama compartieron, además de su marido Diego Rivera, personajes como Leon Trotski y Chavela Vargas, entre otros.


El célebre vestido de tehuana, que en tantas fotos y retratos ha lucido, no estaba sólo pensado para disfrazar sus malformaciones: lo levantó como símbolo de poder femenino, puesto que dicho vestido procede del Itsmo de Tehuantepec, en el estado de Oaxaca, donde la sociedad era gobernada en su totalidad por mujeres. Con esa vestimenta cubriría tres objetivos fundamentales: fortalecer su identidad personal, reafirmar sus convicciones políticas y disimular sus desarmonías corporales.

El comisariado de la exposición explica con detalle la funcionalidad del vestido: “La ornamentación se concentra en la parte superior del cuerpo: blusas con bordado en punto de cadeneta, flores y joyería recargada. Con ello se obliga al espectador a fijar su atención en esa parte superior, dando oportunidad así a Frida a editarse y fragmentarse a sí misma, distrayendo la atención de sus piernas y de la parte inferior del cuerpo”.


María Hesse publicó en 2016 una novela gráfica sobre la vida de Frida Kahlo en la que repasa todos los aspectos relevantes de su vida. Hesse no cree que la imagen de la mexicana se deba a su personalidad, sino más bien al contrario: “Por un lado vistió muchas veces de forma masculina, sobre todo antes de conocer a Diego. Esto nos dice mucho de ella, era muy provocativo para la época, en la que las mujeres tenían que ser señoritas. El otro atuendo es el de tehuana, remitiendo a una sociedad matriarcal. Pero no podemos olvidar que este traje lo usaba por tapar su pierna derecha (más delgada que la izquierda) y por contentar a Diego Rivera”.

Frida Kahlo combinó a lo largo de su vida lo político y lo indumentario. No vio ninguna contradicción entre el activismo feminista, que defendió con uñas y dientes, y la coquetería. “Frida era tremendamente coqueta”, dice María Hesse, “pero también había en ella una continua reivindicación de la cultura mexicana”.


El ocultamiento no fue, sin duda, la razón última de la forma de vestir de Frida Kahlo, pues de ser así no se habría entendido por qué llevaba colgados en la bota alta que cubría su prótesis metálica dos cascabeles, listos para sonar con ritmo de renqueo. Más bien se podría decir que Frida, con su temperamento, trataba de convertir las deformaciones en ironía. Escamotearlas y realzarlas al mismo tiempo. O, dicho en otras palabras, esconderlas sin aceptar la humillación de tener que hacerlo. “Amurallar el propio sufrimiento es arriesgarte a que te devore desde el interior”. Por eso los trajes de Frida eran la desnudez que deseaba tener y que por distintas razones no podía tener. La desnudez debajo de la cual había otra desnudez.

Desde muy pequeña tenía sus ideas político- indumentarias, que consistían en reivindicar las tradiciones mexicanas y lucirlas sobre el propio cuerpo. María Hesse sostiene la hipótesis de que si Frida no hubiera sido una tullida, si no hubiera tenido que hacer que las apariencias engañaran, habría seguido vistiendo igual. Con ese estilo inconfundiblemente personal que a Jean Paul Gaultier le sirvió de inspiración para una de sus colecciones.


El riquísimo archivo personal de ropas y objetos diversos de Frida Khalo fue rigurosamente guardado por decisión de su marido, el famoso muralista Diego Rivera, en el baño principal de La Casa Azul, donde vivieron juntos, y ordenó testamentariamente que  no fuese revelado sino pasados 50 años del desaparecimiento físico de ella. Aparentemente, Rivera, con el extraordinario amor que profesaba por Frida, pretendió así resguardar la imagen de la polémica pintora de las opiniones de la época. 

El profuso acervo conforma un volumen extraordinario de más de 22.000 documentos, 6.000 fotografías, más de 300 itens de ropa y gran número de otros tejidos como toallas de mesa y cobertores, algunos bordados por la madre de Frida o por la propia Frida. 

Más de 200 de todos esos objetos íntimos fueron prestados para el Victoria and Albert Museum y serán visto por primera vez fuera de México, en la exposición que se llamará Frida Khalo: Making Up, que irá desde el 16 de junio hasta el 4 de noviembre próximos. Los objetos serán exhibidos al lado de autoretratos de Frida, fotografías y filmes, ofreciendo una nueva perspectiva sobre la historia de vida de la artista. 

Si la suerte te toca para estar en Londres entre esas fechas o en la Ciudad de México en  cualquier momento, no pierdas la oportunidad de asomarte al mundo de este ícono del arte popular contemporáneo, cuya trascendencia excede los marcos culturales de la especie humana. La obra y la vida de Frida Khalo se proyecta a una dimensión espiritual desde donde nos interpela acerca del significado de nuestra travesía terráquea y los modos de asumir y encarar la fatalidad evolutiva del ser universal que somos.

|| Con textos de El País
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