Federico

segunda-feira, 5 de fevereiro de 2018


"Dejadme, 
ya vendrá un viento fuerte 
que me lleve a mi sitio". 
- León Felipe - 

*Por José María Cáceres

a FMPR i.m

Era sin duda un tipo refinado. Con estampa de niño bien, patrón de estancia. Se notaba en cada uno de sus gestos haber sido educado en un clima decimonónico lleno de reglas puntillosas, ácidas ironías lanzadas con estudiada afectación en inglés y francés. Una educación que propicia la crianza de narcisos que se reflejan solo en el espejo de su especie. Insonorizado de la plebe, lejos del choripán. 

Fue forjado en una cultura muy alejada de la naturaleza y de los tenderos nuevos ricos. Un lugar donde los hombres deben pujar ganadores en el remate del toro campeón en La Rural mientras las mujeres se balancean en el melancólico columpio de una distinguida neurastenia. Pero la inteligencia pudo más que todo ese envoltorio.

Harto de ese refinamiento artificioso Federico, se propuso un plan de fuga.

Comenzó por renunciar a su destino de heredero. En la familia, la inédita decisión se tomó como un agravio a la nobleza de sus ancestros. Y tuvo su castigo. Le proveían lo mínimo para la supervivencia en la esperanza que, ante la ausencia de lo material,  recapacitara y volviera al redil y al testamento. También en las tertulias edulcoradas, entre mayordomos y candelabros de plata, se insinuaba -un tanto sibilinamente- que lo mejor era decir que estaba algo loco.

Aun así, el hombre dejó esos bienestares y comenzó una vida de artista transitando las calles apestadas de pueblo, pintores, actores, escritores, estetas. Toda gente del zanjón. Un horror. Deambulaba por Buenos Aires, como si abandonara cada mañana su celda de clausura, saliendo a la calle para anunciar la presencia del Firmamento Interno en cada uno de nosotros. El Otro Lado, afirmaba, es el Firmamento Interno. Una especie de arrabal cósmico donde es posible encontrarse con aquellos que lograron huir de la obscena maquinaria cotidiana que pica carne sin cesar. 

Una mañana me llamó por teléfono para comunicarme que  la obra que pensaba realizar ese año consistiría en  bajar de peso. Unos quince kilos. Me anunciaba también que vendría a mi casa y, como siempre lo hacíamos, hablaríamos de Dios. Y dado que su obra ya estaba en marcha pidió para el almuerzo un bife de cuadril desgrasado a la plancha, muy jugoso, acompañado de ensalada mixta. Nada de pan, como postre una manzana roja. Accedí a preparárselo con gusto. La compañía de esta especie de ángel de Buenos Aires, era para mí y para algunos otros, la presencia de un espíritu celeste.

La comida se deslizaba por los mansos senderos de la amistad  y nada hacía presagiar la conmoción posterior. Pero, como siempre sucede, la inocencia siempre sorprende cualquier intriga. Y como estaba acostumbrado a sus largos silencios donde se colgaba con algún pensamiento metafísico, seguí con mi rutina de trabajo.

Todo parecía en calma hasta que preguntó:

- ¿Che, nunca deseaste que te lleve el viento?

Sorprendido atiné a responder ¿cómo que me lleve el viento?

Y ahí hizo una larga pausa.

A esa hora, la luz que había sido intensa en la mañana, comenzaba a declinar iluminando con sutileza las cosas del taller, sobre todo pareció detenerse -como lo hacía Lacámera- en el plato con una manzana que estaba sobre la mesa. 

- Si, un viento que ante el desconcierto que es la vida te permitiese huir de tus maquinaciones cerebrales. Pero, ojo que no me refiero a cualquier viento…

Entonces fijó sus ojos en mi propio desconcierto diciendo:

– Sí, que te lleven uno de esos vientos extraviados que no soplan en ningún cuadrante conocido y que, suavemente, te dejen caer en al lugar exacto.

Mi sorpresa iba en aumento y respondí lleno de intriga: ¿Qué es eso del lugar exacto? 

Me miró advirtiendo mi ignorancia y replicó con firmeza.

- Al lugar que hayas elegido vos, para vos. Más aun, un viento que te lleve donde siempre quisieras estar. A tu lugar.

Mordió la manzana roja casi con devoción y como era habitual en él, ya estaba en otra cosa. Yo, en tanto, mudo, catatónico, había comprendido que no tenía la más lejana idea de cuál era, para mí, ese lugar.

Entendí que si quería huir de mis maquinaciones cerebrales, debía primero saber dónde quería llegar.

Y que era hora que me lo preguntase.

*José María Cáceres es escritor, artista plástico, maestro de arte e figther existencial.
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Um brinde às fêmeas

segunda-feira, 1 de janeiro de 2018


Yo quise ser como los hombres  quisieron que yo fuese:
un intento de vida;
un juego al escondite con mi ser.
Pero yo estaba hecha de presentes,
y mis pies planos sobre la tierra promisora
no resistían caminar hacia atrás,
y seguían adelante, adelante,
burlando las cenizas para alcanzar el beso
de los senderos nuevos.

A cada paso adelantado en mi ruta hacia el frente
rasgaba mis espaldas el aleteo desesperado
de los troncos viejos.

Pero la rama estaba desprendida para siempre,
y a cada nuevo azote la mirada mía
se separaba más y más y más de los lejanos
horizontes aprendidos:
y mi rostro iba tomando la expresión que le venía de adentro,
la expresión definida que asomaba un sentimiento
de liberación íntima;
un sentimiento que surgía
del equilibrio sostenido entre mi vida
y la verdad del beso de los senderos nuevos.

Ya definido mi rumbo en el presente,
me sentí brote de todos los suelos de la tierra,
de los suelos sin historia,
de los suelos sin porvenir,
del suelo siempre suelo sin orillas
de todos los hombres y de todas las épocas.

Y fui toda en mí como fue en mí la vida…

Yo quise ser como los hombres quisieron que yo fuese:
un intento de vida;
un juego al escondite con mi ser.
Pero yo estaba hecha de presentes;
cuando ya los heraldos me anunciaban
en el regio desfile de los troncos viejos,
se me torció el deseo de seguir a los hombres.
Y el homenaje se quedó esperándome.
(Julia de Burgos Yo misma fui mi ruta)

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Por la forma de pararla...

segunda-feira, 18 de dezembro de 2017


... de apretarla contra el piso
levantando la cabeza,
ganando el pique cortito,
no se sabe con qué pie
los desbordará otra vez...



Al fondo de la red
.Por la forma de pararse
en el medio de la cancha,
de matarla con el pecho,
de volar hasta la raya,
no se sabe con qué pie
se les va a ir otra vez,
con una moña fugaz
o sirviendo una pared

Por la forma de pararla,
de apretarla contra el piso,
levantando la cabeza,
ganando el pique cortito,
no se sabe con qué pie
los desbordará otra vez
al zaguero lateral,
a mis ojos que no creen

Cómo quiebra la cintura y la razón
y se acomoda en el aire, el pájaro,
para pintarle ese gol... al domingo

Por la forma de cambiarla
sin hacer una de más,
por esa comba exquisita
que se anticipa al azar,
no se sabe con qué pie
se desmarcará otra vez
de las canillas del back
en su camino a la red

Por la forma de pararse
para patear el penal
donde se lo juega todo
sin revancha ni replai,
no se sabe con qué pie
se desmarcará otra vez
del zaguero lateral,
de mis ojos que no creen
        
Cómo quiebra la cintura y la razón
y se acomoda en el aire, el pájaro,
para pintarle ese gol... al olvido
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Introdução lúdica à demissexualidade

sexta-feira, 7 de abril de 2017


*Por Lidia Amendola

Este texto é uma narrativa baseada na minha experiência (de uma demi hétero-romântica [olha outro termo aí!] o que não significa que todos os demis sejam assim). O espectro da área cinza é gigantesco e minha intenção aqui não é definir a demissexualidade, mas sim contar como ela é pra mim, ou seja, falar de uma nuance. O assunto é bem complexo e tem muitos textos ótimos e completos que, esses sim, trazem uma explicação bem detalhada sobre o assunto. Este texto é uma introdução "lúdica" ao assunto.

Dias desses uma amiga veio falar comigo no WhatsApp:

— E aí? Tudo bem? Como tá na França?

— Oi, tudo bem e aí? Aqui tá tudo certo, muito frio. (:

— Que bom! Mas, e os gatinhos?

— Nem pensei nisso. Tô trabalhando bastante, bem feliz com o estágio.

— Nossa, mas não rolou nem uma paquerinha?

— Hum... não.

— Nossa, como você é calma.

Então, não é calma. Eu sou demissexual, mas por mais que eu tente explicar, ninguém entende. Mais do que não entender, tem gente que não respeita.

Esses termos são relativamente novos e ninguém é obrigado a saber, isso não é ignorância. Ignorância é não querer saber. É achar ridículo, achar que é bobagem, que tem cura, que dá pra mudar. Não. Nasci assim, tô muito bem com isso e não quero mudar.

Mas, afinal, o que é ser demissexual? Tia Lidia te explica.

Sendo (bem) breve, nesse mundão em que vivemos, temos 3 tipos de pessoas:

1. As alossexuais: aquelas que sentem atração sexual por outras pessoas. Elas olham uma pessoa > acham essa pessoa atraente > ficariam com essa pessoa.

2. As demissexuais: aquelas que só sentem atração sexual por outras pessoas caso tenham algum tipo de ligação emocional / psicológica / intelectual.

Cenário a) Ela olha uma pessoa > não sente nada. Pode ficar com essa pessoa? Pode, mas não sentirá nada. Não será prazeroso pra ela. Algumas pessoas se esforçam e ficam mesmo assim. Mas a experiência pode ser tanto indiferente como incômoda. Sempre que me esforcei me senti um pedaço de carne no açougue.

Cenário b) Ela olha uma pessoa > ela conhece essa pessoa > elas conversam > elas criam uma ligação (afeto) > essa pessoa passa a ser atraente para o demissexual.

3. As assexuais: aquelas que não sentem atração sexual at all! Elas podem se apaixonar, mas jamais sentirão atração por alguém.

O "problema" é que vivemos em um mundo alossexual, que espera que você também seja.

— Mas, espera, nem se o cara for muito, mas muito gato você sente atração? Tipo, se o cara mais gato do mundo estivesse aqui, agora, você não ficaria com ele?

Então, não se trata da beleza da pessoa. Abrindo um parêntese aqui: nós achamos pessoas bonitas, achamos certos tipos de corpos bonitos e tudo mais. Mas tipo, só. É bonito, mas se eu simplesmente não sei quem é o cidadão, eu não sinto nada. É bonito, ponto.

Pode acontecer de eu achar que o cara é o cara da minha vida. Vai rolar assim de cara? Nop. Lindo, inteligente, gente boa. Mas, calma, essa boquinha aí também foi feita pra falar, então, fala!

Como eu ia dizendo, não é a beleza que determina. Você pode colocar o Sebastian Stan pelado na minha frente.

Se você não conhece, este é o Seb:

Sebastian Stan, ator romeno-americano.
-Mas, então, nem ele?

De cara, não. Pode ser, digamos, assim: Oi, Sebastian, aceita um vinho? Não tenho cerveja, é que eu não curto muito, sabe? Então, tá em Paris de passagem? Cê acredita em astrologia? Qual foi o sonho mais doido que você já teve? Qual seu sabor de sorvete favorito?

E o Sebastian, se quiser, pode entrar no jogo. Jogar conversa fora. Me falar da vida dele. Me contar daquela vizinha sem noção. Da maior merda que ele fez na vida. Dar risada. E então ele pode se tornar um cara atraente, mas por aquilo que ele é.

Sabe, eu nunca fiquei com aquele cara.

— Que cara?

Aquele do show do Strokes. Não sei o nome dele. Ele tava com uma blusa do Joy Division. Gatinho...

Mas, não, não aconteceu. Mas, sabe com quem aconteceu? Com aquele cara que sei o nome e sobrenome. Aquele cara que eu sei que sua cor favorita é verde, sua fruta favorita é melancia, que ele caiu e quebrou os dois braços ao mesmo tempo quando tinha 7 anos, que ele foi um filho planejado, mas sempre acharam que ele era uma menina. Aquele que sei que mora na rua da faculdade, que gosta de Beatles e seu álbum favorito é Sgt. Pepper's, mas que ele só começou a gostar depois de velho. Aquele que conhece Wallflowers, porque a gente falou sobre isso em uma dessas caminhadas sem destino pela cidade. Ou será que foi naquela vez que fomos tomar uma cerveja? Aah, já sei! Foi naquele dia que fomos no pub modinha do centro. Falando nisso, foi bem engraçado, tava rolando a maior DR na mesa do lado.

Entende?

Ele me atrai. E não me atrai por saber se ele estará aqui amanhã ou não. Se ficamos uma noite ou se ficaremos uma vida inteira. Me atrai saber que enquanto esteve aqui, estava comigo não pelo fato de eu ser mulher, mas pelo fato de eu ser eu. Lidia. 25 anos. Nascida e crescida em Santo André. Cor favorita: roxo. Gosta de cozinhar. Adora animais, mas tem nojo de pombos. Fala palavrão pra caralho. Se deu muito mal quando tentou andar de patins e bicicleta ao mesmo tempo. Adora luzes de Natal. Gosta do céu. Queria ser pilota de Fórmula 1, mas desistiu porque não tinha dinheiro. Descobriu depois de velha que o anarriê da festa junina era uma palavra em francês. Odeia conversas de elevador e fazer média com as pessoas. Pediu demissão do chefe. Trabalha 24h por dia se deixar. Que, não parece, mas além de demissexual é tímida. E que, mesmo te achando bonito e gente boa, não vai ficar com você por ficar. Que pode demorar um mês pra criar um laço contigo, ou apenas algumas horas.

É difícil ser assim?

É sim. Ainda mais nessa sociedade moderna que parece que disputa quem se interessa menos. Ainda mais quando você se interessa por pessoas extremamente alossexuais. Você não pode chegar falando: "oi, sou demi, não encosta muito em mim não, tudo bem?". Você gostaria de corresponder, mas simplesmente não consegue porque não faz sentido pra você. Então elas pensam que você não está a fim e tchau oportunidade de conhecer alguém legal.

Eu sempre ficava com uma sensação meio bosta de "olha eu estragando tudo de novo". Mas com o tempo você se aceita. Isso é o que você é, se o outro não entende talvez ele não queira entender. Talvez ele estivesse ali pela mulher e não pela Lidia (acontece muito, quase sempre... acho que sempre).

E também porque a gente SEMPRE quebra a cara. Demis precisam do "apego" pra se envolver, então não importa a intensidade da ligação, pra se quebrar a cara basta que ela exista e, pra nós, ela sempre existe.

Então, sabe, a gente já é obrigado a lidar com tantas coisas. Tantos sentimentos e pensamentos conflituosos. Poupe-nos de seus "mas...". Entenda que neste mundo existem pessoas diferentes de você, pessoas que acham o colega do escritório mais atraente do que o Stephen Amell e isso não faz delas melhores ou piores que ninguém, tá?

Um beijo pra vocês.

*Lidia Amendola é designer-publicitária paulista. Mestranda em mídias digitais na França.

|| Via Huffpost Brasil
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Sagrada maconha

quarta-feira, 16 de novembro de 2016


“Quando falamos em maconha,
estamos falando de uma erva
que nos foi dada pelo Criador.
Não para negar ela
nem tampouco consumir
em função do mero divertimento,
e sim para se aproximar dela
com respeito e sem abuso”.


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A canção do desapego

quarta-feira, 9 de novembro de 2016


*Por Abílio Neto

Domingo passado, assisti comovido ao velório e sepultamento da mãe de um grande amigo. Naqueles momentos eu vi tantas lágrimas derramadas e tanto sentimento brotando à flor da pele que, por dentro, eu também senti. Chora-se pela perda quando se deveria chorar pela saudade, mas humanamente se torna impossível fazermos a demarcação de quando termina uma e começa outra. Choramos quando sentimos que perdemos, esta é a verdade!

Pensando bem, acho que chorar por uma pessoa cuja vida foi uma eterna alegria, fica meio contraditório. A palavra eterna foi usada no mesmo sentido que o poeta Vinícius de Moraes a empregou: eterna enquanto durou. Vejo também a questão do esforço que deve ser feito, sobretudo por parentes, visando não derramar tantas lágrimas, a fim de que a pessoa que desencarnou não fique presa a laços terrenos e siga livre a sua caminhada em direção de outra casa do Pai. Eu não sou favorável ao choro, mas acho-o inevitável. Por mais que nos preparemos espiritualmente para o desenlace, este nos surpreende e supera naquilo que ainda temos de pontos fracos.

Antônio Candeia Filho, mais conhecido simplesmente como Candeia, o grande sambista da Portela que faleceu em 1978, aos 43 anos, era um compositor genial. Por volta do final do ano de 1975, o jornalista e escritor Juarez Barroso, andava meio perdido na vida, chegou perto dele (que já vivia paralítico e usando cadeira de rodas) e lhe disse que tinha um tema para ele compor um samba: “preciso me encontrar”. A inspiração do Criador para esta canção foi uma coisa tão sublime que, ouvindo-se sua letra, você tem a impressão de que ela foi feita muito mais para compreender a vida pós-morte do que para atender alguém que quer encontrar seu rumo e seu prumo neste vasto mundo. A música se tornou um presente de Candeia para que Cartola a incluísse no seu segundo LP, gravado em 1976, quando o compositor da Mangueira tinha 68 anos.

Em 1977, quando ouvi este samba pela primeira vez, fiquei completamente pasmo com tanta sabedoria dentro de uma música popular, feita por um homem simples, do povo, chamado Candeia, que até hoje admiro. Pus até um apelido nela, de uns anos para cá, canção do desapego, uma vez que serve de autoajuda para entendermos melhor o significado da morte, do devir da vida.

Ninguém previa que esta música realmente se tornasse emblemática nessa questão da passagem de uma vida para outra: o jornalista, escritor e excelente crítico musical do Jornal do Brasil Juarez Barroso, que fez o pedido do samba a Candeia, foi o produtor do segundo disco de Cartola, mas não teve tempo de curtir seu grande trabalho porque faleceu em 18/08/1976, aos 41 anos, em decorrência de um aneurisma na aorta, um mês e poucos dias antes do lançamento da joia que produziu. Assim, a canção de 1976 se transformou num enigma espiritual. Teria tido ele alguma premonição? Além disso, o autor da música também se foi dois anos depois. Ela embalou a despedida dos dois.

Uma original interpretação de Preciso me encontrar você pode assistir e ouvir no vídeo embaixo. Com nuances de tango argentino, a música que emana do bandolim de 10 cordas de Hamilton de Holanda e do violão de 7 cordas de Yamandú Costa e as vozes combinadas do singular Zeca Pagodinho e de Marisa Monte, fazem do samba de Candeia um verdadeiro hino ao desapego, um tributo à vida em sua essência de fluir permanente e transformador. Não perca, aperte o play.



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Feminicídio gourmet

quarta-feira, 26 de outubro de 2016


"O ciúme quando é furioso produz mais crimes 
do que o interesse e a ambição."
-Voltaire- 
*Por Alú Rochya

O sentimento dele poderia ser chamado de amor a primeira vista. Uma paixão cega havia arrasado sua imutável paz oriental o dia em que ela chegou até sua poltrona abrindo aquele sorriso simples e amável, e no entanto sedutor, lhe oferecendo uma taça de champanha. A pouco mais de 8 mil pés de altura, a metade de caminho entre Tóquio e Paris, o avião da Air France parecia detido no céu. Aproveitando essa calmaria, as comissárias de bordo brindavam com um serviço de coquetel aos passageiros de primeira classe.

Tal vez por esse ar de velado desdém próprio de certas mulheres francesas ou quiçá pelo seu zelo profissional, naquela hora ela não reparou no olhar sugestivo dele e o tratou como um viajeiro mais. Se para todo o mundo japonês é tudo igual, não era assim com ela, familiarizada com rostos, costumes e língua orientais depois de vários anos de voar à terra do sol nascente e ficar na ilha grande inúmeras vezes. Foi por isso que, já na saída do aeroporto, ela reconheceu logo o homem tão gentil que estava convidando-a com uma carona até o centro de Paris como um dos passageiros do seu recente voo.


Aeromoças disparam fantasias nos homens e são sempre cortejadas, quando não assediadas. Estava costumada a esses lances e a recusar, delicadamente, esse tipo de convites. Porém, nesse instante ela não soube dizer não. E essa viagem juntos, até a cidade que ele ia visitar pela primeira vez, foi o começo de um namoro avassalador.


Ele tinha esposa e dois filhos no Japão. E era um executivo bem-sucedido de uma corporação japonesa com planos para abrir uma filial na França. O projeto ia fazer com que ele viajasse a Paris a cada 15 dias, devendo ficar por lá uma semana cada vez. Nada melhor para curtir esse inesperado namoro com a bela francesinha que arrebatou seu coração. Ela estava fazendo 28 anos, morava sozinha, era uma mulher liberal, de boa renda, quase sempre com amantes mas sem homem fixo. Porém, esse quarentão japonês de traços finos e olhar inquietante tinha conseguido prender ela a um namoro estável.




Oficialmente, ele se hospedava num hotel. No entanto, separando com rigor oriental o trabalho do prazer, ele alugou um luxuoso apartamento num bairro nobre da cidade, para fazer dele o ninho de amor onde os dois eram verdadeiramente felizes, passando ali suas melhores horas de deleite e encanto. Ela adorava compartir os pratos exóticos que ele preparava na hora do jantar com mestria de grande cozinheiro e ele gozava fazendo as delícias dela. Tudo começava à noite, na mesa e se estendia até o amanhecer, na cama.


O apaixonado romance foi um fogo que se manteve vivo e inalterável durante quase seis meses. Mas quando a canção se fez mais clara e mais sentida, quando a poesia fazia folia em suas vidas, ela chegou uma tarde e disse que tudo tinha acabado.

Ele ficou estremecido. Não havia sequer um indício para imaginar-se que algum dia aquilo poderia ter um fim. Nesse tempo de namoro jamais houve uma zanga sequer. Perguntou se havia outro homem. Ela respondeu que não. E não o havia. Ele ainda quis saber qual era, então, o problema. Ela disse que não havia problema. Que simplesmente achava que a experiência estava esgotada. Que era só isso. Falou também que era uma mulher livre, que não gostava ficar muito tempo amarrada a ninguém. Lhe pediu compreensão, deu um abraço carinhoso e um último beijo nele e foi embora.

Duas semanas depois os pais da menina se apresentaram à polícia para denunciar seu desaparecimento. Nesse tempo ela não se apresentou ao trabalho nem deu sinais de vida. Com a colaboração dos pais, a polícia conseguiu entrar no seu apartamento de solteira mas não achou qualquer vestígio para orientar a busca. Enquanto os dias se passavam o mistério crescia. Ninguém aportava um sinal o um rastro significativo. A discrição era uma marca dela e isso fazia que pouco e nada se conhecesse de sua vida privada, o que dificultava a pesquisa.



Entre tanto, naquele outro apartamento, ainda impregnado dos cheiros dela, ainda com os ecos de suas limpas risadas e seus gozosos gemidos, ele amargurava, sozinho, o imprevisto desfecho. Que acreditava ter sido por causa de um outro homem. E continha a raiva profunda que lhe produzia o fato incompreensível de ter sido abandonado desse jeito, da noite pro dia, de modo inapelável.


A cada hora a ferida se fazia mais lacerante, a ausência feroz dela mais insuportável, o desespero mais incontrolável. Aquela manhã sentiu que tinha chegado ao seu limite. Que não conseguiria segurar mais o hediondo segredo. E não conseguiu. Pela tarde se apresentou à polícia e, arrebentando em prantos, contou tudo.

Ele mesmo tinha matado a menina. Depois atassalhou o corpo dela e colocou os pedaços no freezer. Explicitou que cada noite, tomava uma dessas porções e preparava um prato diferente, como aqueles que ela tanto apreciava. E que, sentado à mesa, na hora do jantar, banhado em lágrimas, noite a noite comia uma parte dela. Disse que sentia que assim a levaria sempre com ele e ela não poderia ser de mais ninguém. Com o olhar perdido no chão, procurando num canto de sua própria alma um álibi moral para tamanha atrocidade, respondeu uma pergunta que ninguém lhe tinha feito: a matei porque era minha
t 

* Texto baseado numa história real acontecida em Paris, França, nos finais da década de 1990.  
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Yo y mi otro yo

quarta-feira, 28 de setembro de 2016


Jean-Pierre Garnier Malet, doctor em física, es el padre de la teoría del desdoblamiento del tiempo. Y de esa teoría nos lleva a una realidad donde "nosotros como el tiempo también nos desdoblamos". Garnier y quienes trabajan con el tema parecen reacios a vincular esta teoría con lo que muchos conocemos desde tiempos inmemoriales: yo soy esta carne y también soy mi espíritu; y por la noche cuando mi carne duerme, mi espíritu -hilo de plata mediante- parte hacia alguna parte, a conectarse con lo mejor de mí, con mi esencia. La teoría de Garnier dice que ese que parte es mi doble y que al retornar me trae las mejores opciones para mi futuro.

Doble, espíritu o como quiera que le llamemos, lo cierto es que, atendiendo a lo planteado por Garnier y sus discípulos, mi otro yo me brinda posibilidades de vivir una mejor vida, realizando mis mejores potenciales.

Trabajando sobre las revelaciones de Garnier y otros maestros-guías, Alejandra Casado se empeñó en precisar cómo es toda la trama. Que empieza, claro, en la fuente original, en lo que llamamos Dios y sigue con nuestra propia trayectoria en esta encarnación. Y en este video podrás encontrar la punta del ovillo con que se teje esa trama. Interesantísimo...



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5 benefícios da masturbação

segunda-feira, 29 de agosto de 2016


Durante muito tempo, a masturbação foi classificada por diversas sociedades como uma prática imoral e prejudicial, mas isso não poderia estar mais longe da verdade. Estudiosos e pesquisadores como  Mariano Rosselló Gaya dizem que é uma experiência prazerosa que traz benefícios para o corpo e para a saúde.

Rosselló é antropólogo e especialista em medicina sexual do Instituto Médico Rosselló, da Espanha, explica cinco benefícios da masturbação cientificamente comprovados e que você provavelmente não conhecia:

1. Alívio de dores menstruais
A masturbação pode aliviar dores, especialmente aquelas relacionadas com a menstruação e outros sintomas ginecológicos. Masturbar-se durante o período menstrual tem o efeito de prevenir e diminuir as moléstias que costumam ocorrer no período.

"Todas as substâncias químicas que se produzem na corrente circulatória ao ter um orgasmo atuam de maneira analgésica contra as dores pré-menstruais", explicou Roselló. Também se produz uma desinflamação da zona genital devido à liberação das mesmas substâncias, que faz com que a pressão que as dores provocam diminua e, com elas, também o desconforto.

2. Fortalece o sistema imunológico
Segundo artigo publicado na Sexual and Relationship Therapy, o sistema imunológico dos homens que se masturbam funciona melhor. Nos homens, o fato de que a via seminal e os dutos ejaculatórios levam o sêmen para fora evita que sejam produzidas infecções de bactérias oportunistas exteriores. Há estudos que demonstram que indivíduos que experimentam número maior de orgasmos geram um nível maior de imunoglobina A (IgA), que é um anticorpo.

Assim mesmo, uma pesquisa do Cancer Epidemiology Centre de Melbourne, na Austrália, indicou que os homens entre 20 e 50 anos que se masturbam mais de cinco vezes por semana têm menos possibilidade de desenvolver um câncer.

Alguns estudos também indicam que em mulheres a atividade previne endometriose, doença que pode provocar infertilidade feminina. Também se fala de prevenção de infecções, pois a atividade contribui para que se abra o colo do útero e libere mucosidade e fluidos cervicais.

3. Melhora o sono
Há muitas formas de tratar a insônia, mas uma agradável, segura e natural é se masturbar, principalmente para os homens. Segundo Roselló, "depois do orgasmo é liberada uma série de endorfinas, hormônios, catecolaminas e citocinas que atuam como relaxantes químicos que induzem ao sono".

O conselho francês de pesquisa médica publicou um trabalho neste sentido no ano passado e outros autores puderam constar e publicar isso. A ejaculação pode provocar sono devido ao incremento do hormônio de prolactina e a queda da dopamina, o que explica a sonolência que se produz após o orgasmo.

4. Gera sensação de bem-estar
Masturbar-se é bom para ter uma boa saúde tanto em níveis biológicos como psicológicos. "A liberação de endorfinas e catecolaminas rebaixa aos níveis de estresse e melhora nosso estado de ânimo", disse Roselló.

5. Melhora as relações do casal
Um mito muito difundido prega que a masturbação arruína relações sexuais com o cônjuge. Segundo especialistas, isso é absolutamente falso. Na verdade, é o oposto. Masturbar-se favorece a melhoria das relações sexuais, já que ao fazer isso a pessoa aprende muito sobre seu corpo, suas reações, seus estímulos sexuais, fazendo com que o sexo seja muito mais prazeroso.

Mas não é só isso. "Em geral, a atividade sexual e a intimidade entre o casal devem ser cultivadas. Ter bons orgasmos consolida a relação e, assim, a convivência familiar", conclui Roselló.

|| Via BBC Brasil
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Que tudo se torne novo

quarta-feira, 17 de agosto de 2016


“É  refazer tudo, 
é organizar todas as coisas 
para que tudo se torne novo,
de modo que a nossa
feia, falsa, suja e maçante vida
se torne apenas vida,
pura, gay, bela.

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